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sábado, 26 de septiembre de 2026

La pedantería en el lenguaje para aparentar sapiencia, el vicio incurable de los intelectualoides; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Post publicado originalmente en 2022. Reeditado en 2026]

«La filosofía alemana, en su aspecto más diluido pasó a ser patrimonio común de los «instruidos», y cuanto más se convertía en patrimonio común, tanto más desleídas, incoherentes e insípidas se hacían las opiniones de los filósofos y tanto mayor era el prestigio que esta confusión insipidez les creaban entre el público «instruido». (…) La confusión de las formas y del contenido, la vulgaridad altanera y el absurdo grandilocuente, la trivialidad indescriptible y la miseria dialéctica, peculiares de esta filosofía alemana en su última fase, superan todo lo aparecido en cualquier momento en este terreno. Sólo puede compararse con ello la credulidad de la gente que toma en serio todo eso y lo considera la última novedad, «algo nunca visto». (Friedrich Engels; La consigna de abolición del estado y los «amigos de la anarquía» alemanes, 1850)

En su momento, también Karl Marx denunció a esos entrañables seres que de tanto en tanto asomaban la cabeza dándose a conocer con las etiquetas de «reformadores sociales» o «libre pensadores». Hoy esto aún nos suena, son aquellos tipejos caracterizados por anunciar fórmulas milagrosas en un lenguaje rimbombante con la intención de aparentar distinguida sapiencia. A la hora de la verdad, a lo sumo solo logran meterse en el bolsillo al público más impresionable, valiéndose para ello −con mayor motivo de vergüenza− de los mismos trucos argumentativos que han podido copiar en otros estafadores anteriores:

«Quiero denunciar al señor Grün, de París. Pretende haber aclarado los axiomas más importantes de la ciencia alemana. (…) Este hombre más que un caballero de la industria literaria, es una especie de charlatán que quiere hacer comercio con las ideas modernas. Pretende ocultar su ignorancia con frases pomposas y arrogantes, pero no ha conseguido más que ponerse en ridículo con su galimatías». (Karl Marx; Carta a Proudhon, 5 de mayo de 1846)

«Su literatura teórica sólo puede ser entendida por quienes se hallen iniciados en los misterios del «espíritu pensante». (Karl Marx y Friedrich Engels; La ideología alemana, 1846)

Cualquiera que haya ojeado alguna vez ese lenguaje estrafalario y endogámico que se hallaba en «La Forja» y se halla hoy en «Línea Proletaria», no podrá sino estar de acuerdo con nosotros que, aunque la historia no se repite exactamente dos veces, estos paralelismos y paradojas de la historia resultan extremadamente cómicos e instructivos. El desarrollo político de los «reconstitucionalistas» es análogo al de muchos personajes históricos que destacaban por una estética y discurso muy pintoresco, pero que debido a la vacuidad que se escondía detrás de sus gestos y proclamas no solo no triunfaron, sino que pronto acabaron pasando a mejor vida −políticamente hablando−:

«Weitling se trasladó a Bruselas a comienzos del año 1846. Cuando su campaña de agitación en Suiza se paralizó, por efecto de sus contradicciones internas y de la brutal represión de la que luego fue objeto, buscó refugio en Londres, donde no pudo llegar a entenderse con los integrantes de la Liga de los Justicieros. Fue presa de su cruel destino precisamente por querer huir de él acogiéndose a un antojo de profeta. En vez de lanzarse de lleno al movimiento obrero inglés, en una época en la que la agitación cartista alcanzaba una gran altura, se puso a trabajar en la construcción de una gramática y una lógica fantásticas, preocupado por crear una lengua universal, que en lo sucesivo habría de ser su quimera preferida. Se arrojó precipitadamente a empresas para las que no poseía capacidad ni conocimientos de ninguna especie, y así fue cayendo en un aislamiento espiritual que lo separaba cada vez más de la verdadera fuente y raíz de su fuerza: la vida de su clase. (…) El tribuno del pueblo, semanario publicado por Kriege en Nueva York, promovía, en términos infantiles y pomposos, un fanatismo fantástico y sentimental que nada tenía que ver con los principios comunistas y que solo podía contribuir a desmoralizar en el más alto grado a la clase obrera». (Franz Mehring; Karl Marx. La historia de su vida, 1918)

Y, aun así, ubicándolo en su contexto concreto, es una afrenta para la memoria de gente como Wilhelm Weitling el que lo compararemos con estos revolucionarios de poca monta. Este personaje, al menos durante sus inicios, se prodigó en un abnegado trabajo de masas y propagó escritos de interés e importancia para la incipiente concienciación del proletariado de su tiempo. En todo caso, lo que queda claro es que estos maoístas contemporáneos comparten los mismos pecados del utópico Weitling, entre los que sobresale: a) en primer lugar, la incapacidad de extraer las lecciones de la historia, lo que siempre deriva en acabar rezagado de las necesidades reales; b) a partir de ahí, se empecinan en sus opiniones sin sentido por tradición, devoción o apego a terceros, perdiendo todo rédito político que alguna vez se hubiera cosechado. Eso sí, hemos de ser justos una vez más: ser Weitling en el siglo XIX es algo hasta comprensible; en cambio, ser maoísta en el siglo XXI es un atentado contra toda lógica. 

viernes, 29 de mayo de 2026

¿Existe una doctrina revolucionaria identificable o esto es una búsqueda estéril?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Post publicado originalmente en 2022. Reeditado en 2026]

«Los subcapítulos a exponer en la siguiente publicación serán los siguientes: 

a) Los revisionistas y sus antecedentes históricos para intentar revisar la «ortodoxia»; 

b) Entonces, ¿existe eso que se le llama «ortodoxia» o es un mito?; 

c) ¿Por qué hay elementos vacilantes que adoptan el marxismo por bandera, por qué otros degeneran?;

d) Efectivamente, la teoría científica necesita de un factor humano que la tramite y actualice;

e) ¿Cómo los «reconstitucionalistas» derriban la «ortodoxia marxista-leninista» para introducir su «heterodoxia»?; 

f) ¿Qué es eso de que «el marxismo-leninismo está podrido de revisionismo»?;

g) ¿De verdad alguien puede tomar a Althusser como un representante de la «ortodoxia marxista»?;

h) Entonces, ¿es serio o justo achacar al marxismo-leninismo los fracasos ajenos?

Los revisionistas y sus antecedentes históricos para intentar revisar la «ortodoxia»

Los conservadores, liberales, socialdemócratas y tantos otros llevan repitiendo durante siglos la misma retahíla sobre el «fiasco objetivo del marxismo», argumentos que a todos nos resultan muy familiares. Suelen recurrir a dos variantes: a) «Dado que su movimiento político no está en su mejor momento... habríamos de reflexionar sobre si esto es fruto de unas bases doctrinales ya de por sí utópicas»; b) «Dado que el marxismo se ha equivocado en ciertas cosas, ¿no habría que desconfiar de todo y dejar en suspenso sus supuestos axiomas?». 

¿Qué contestar a esto? Incluso aceptando sus premisas −algo que los críticos rara vez pueden corroborar, porque cuando lo intentan, suele ser a través de reduccionismos que nada ayudan a identificar un supuesto fallo−, ambas sugerencias presentan muchísimas lagunas. Nos explicamos. 

Esta forma de proceder equivaldría en el mundo de la arquitectura a que cuando haya una grieta, una gotera o una columna se muestre débil, los «expertos» decretasen automáticamente que hay que tirar abajo todo el edificio «por el bien de la seguridad de sus habitantes» −sin más estudio de si esta estructura estaba mal diseñada desde un principio o si sus elementos se han resentido con el paso de los años−, ¿y qué puede ocurrir? Que quizás este edificio no solo sea habitable, sino que aun con todo sigue siendo el más seguro de la manzana gracias al resto de los mecanismos bien conocidos que se usaron para distribuir correctamente el peso y resistir el paso del tiempo. 

Entiéndase, que para refutar de forma inmediata este infantilismo acusatorio, lo mejor sería preguntarse: ¿qué movimiento nace, crece y se desarrolla sin incurrir en falsos pronósticos, teorías inexactas o fracasos políticos? En honor a la verdad, nosotros no conocemos a ninguno que bajo este mundo terrenal no se haya visto obligado −tarde o temprano− a rectificar o matizar sus planteamientos, que no haya cosechado derrotas y que tampoco se haya visto necesitado de estudiarlas para reformularse y fortalecerse. Ahora, nada de esto significa que dicho movimiento deba abjurar de los aciertos de su pasado, ni que todas sus creencias sean automáticamente falsas, ni mucho menos que no se pueda distinguir una «ortodoxia» reconocible −que es ya el colmo de la palabrería o relativismo intelectual−.

En realidad, estos debates son tan antiguos como el marxismo mismo, y existen multitud de ejemplos históricos que vale la pena rescatar. 

En España el movimiento revolucionario cometió el lamentable error de aceptar a un intelectual como Miguel de Unamuno (1864-1936), una figura que debido a su pensamiento relativista todavía se sigue enseñando en la educación oficial como «un gran filósofo a estudiar», siendo en realidad una variante muy poco original del idealismo filosófico. Este en 1894 celebró su adhesión al PSOE declarando al marxismo como «la religión de la humanidad» (sic). Y cuando a este señor se le dejó claro que esta cosmovisión del mundo no podía ser más que el fruto de una terrible equivocación, muy seguramente fruto de su enorme desconocimiento, no tuvo otra que desertar, no sin antes dejarnos una colección de todo tipo de jeremiadas:

«Yo también tengo mis tendencias místicas, pero éstas van encarnando en el ideal socialista, tal cual lo abrigo. Sueño con que el socialismo sea una verdadera reforma religiosa cuando se marchite el dogmatismo marxiano y se vea algo más que lo puramente económico». (Miguel de Unamuno; Carta a Clarín, 31 de mayo de 1895)

¿A dónde condujo su visión «no dogmática» de las cosas? Dos años después, en 1896 Unamuno ya proclamaba la unión de:

«Socialistas colectivistas; libertarios, socialistas anarquistas; socialistas cristianos; evangélicos; católicos, sindicalistas; societarios etc., etc. Cuantos más, mejor». (Miguel de Unamuno; Signo de vida, 1896)

Para entender el destino de un intelectual tan inestable como Unamuno el lector bien puede repasar las obras de Pablo Iglesias Posse «Programa socialista» (1886) o «Falsos revolucionarios» (1889), en donde se anticipaban el comportamiento de estos breves compañeros de viaje que siempre uno se va encontrando, especialmente si no toma medidas preventivas. El resto es conocido por todos: Unamuno acabaría en las filas de la reacción, sus ideas serían clave en lo sucesivo para inspirar al fascismo español y terminó apoyando y financiado el golpe del 16 de julio de 1936. Véase la obra de Bitácora (M-L): : «El fascismo español, ¿una «tercera vía» entre capitalismo y comunismo?» (2014).

martes, 10 de marzo de 2026

¿Fueron Marx y Engels dos «críticos contemplativos»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022


[Post publicado originalmente en 2022. Reeditado en 2026]

«
En esta sección comprobaremos cómo si bien los periodistas e historiadores burgueses acusan a Marx y Engels de ser unos «revolucionarios de pacotilla», la «Línea de la Reconstitución» (LR) o los «espartaquistas» no son menos y se suman a este coro de la calumnia para lanzar infamias muy parecidas, solo que, eso sí, asegurando que lo hacen desde lo más hondo de su «camaradería» y en pro del progreso de la humanidad, ¡algunos incluso incluyen en la ecuación a Lenin! Lamentan comunicarnos que estos personajes nunca sobrepasaron la «crítica contemplativa» o «ir a la zaga de los acontecimientos», que sufrieron de una falta de consecuencia típica de la vieja filosofía. En definitiva, que no tuvieron un compromiso real con la causa emancipadora, incluso que fueron promotores de una ideología falsa y burocrática. Esto, como bien iremos comprobando en los siguientes capítulos, tiene una relación directa con la estrechez de mente de la LR sobre lo que es la teoría y la práctica −y su íntima conexión−. Véase el capítulo de Bitácora (M-L): «La terrible disociación entre la teoría y la práctica y sus consecuencias» (2022).

Por nuestra parte, esta apología de Marx y Engels no significa que nosotros mismos no pongamos en la picota las meteduras de pata o las inexactitudes del dúo alemán, como ya hemos hecho en otras ocasiones. Esto, como se podrá comprobar también más adelante, es totalmente imprescindible si deseamos romper con ese halo de Marx y Engels como figuras inmaculadas, para desvelar ese manto de misticismo creado donde «siempre estuvieron en lo cierto», donde nunca se equivocaron o si lo hicieron fue «por causas ajenas a sus genios». Pero ser autocríticos y poner las cosas en orden no significa darle un cheque en blanco al enemigo para distorsionar la historia arbitrariamente. He ahí porque decidimos realizar la labor que a continuación presentamos. A continuación estos serán los subcapítulos:

a) ¿Cuáles eran las divergencias entre Marx y Engels y el materialismo de Feuerbach?;

b) ¿Eran los trabajos de Marx de 1844-45 idealistas, una «crítica contemplativa»?;

c) Las comunes y erróneas interpretaciones de las «Tesis sobre Feuerbach»;

d) ¿Podemos hablar de transcendencia de Marx y Engels si no vieron coronadas sus ideas en una revolución exitosa?

martes, 23 de agosto de 2022

¿Debió el PCE adoptar la «Nueva Democracia» y la «GPP» para ganar la Guerra Civil Española (1936-39)?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

«En otros capítulos de nuestras obras [*] pudimos comprobar cómo en su día Mao Zedong, al igual que tantos otros líderes de Europa del Este y Asia, recibieron su flamante «República Popular» de la mano de las acciones decisivas del Ejército Rojo de la URSS contra Japón, de su financiación permanente, de la existencia de una frontera segura −como era la soviético-mongola− y gracias −en líneas generales− a una coyuntura internacional altamente favorable durante la posguerra. En cambio, en 1964, Mao no solo parecía olvidarse de esa verdad histórica, sino que al creerse la propaganda de los suyos −que le erigía como el mayor «genio militar» que el mundo jamás haya conocido− se permitía dar consejos al resto del mundo, «corrigiendo» los errores del resto de experiencias: 

«Kang Sheng: Yo le pregunté a los camaradas españoles, y ellos contestaron diciendo que el problema para ellos consistía en establecer una democracia burguesa, y no una nueva democracia. En su país, ellos no se ocuparon de estos tres puntos: ejército, campo y Poder político. Se subordinaron completamente a las exigencias de la política exterior soviética, y no consiguieron nada en absoluto (Mao: ¡Esas son las políticas de Chen Tu-hsiu!). Ellos dicen que el Partido Comunista organizó un ejército y luego se lo entregó a otros. (Mao: Eso es inútil). Ellos tampoco querían el Poder político». (Mao Zedong; Presidente Mao hablando al pueblo; Conversaciones y cartas: 1956-1971)

Esta es la cita del «Gran Timonel» que los neomaoístas han reproducido hasta la saciedad para intentar explicar los diferentes resultados en las guerras de China y España. Sin ir más lejos, obsérvese como la «Línea de Reconstitución» (LR) reproducía la obra del Partido Comunista Revolucionario (EE. UU.) «La Línea de la Comintern ante la Guerra Civil en España» (2016), un escrito en donde, todo sea dicho, se coquetea abiertamente con una reevaluación de la guerra en clave trotskista y se repiten todos los mitos de la historiografía burguesa sobre el PCE, como la acusación de «oponerse a la colectivización», regalar el carnet a «pequeño burgueses» y «rebajar el espíritu revolucionario de las masas», algo que refutamos en su día. Para más inri, demuestra un cínico ejercicio de proyección de lo que ha sido maoísmo y sus propios defectos. Véase el capítulo: «La Guerra Civil Española (1936-39) y su interpretación en clave anarco-trotskista» (2022).

Asegurar que los revolucionarios españoles perdieron la guerra porque en lo militar no aplicaron una «GPP» combinada en lo político-económico con una búsqueda de una «nueva democracia», y que ambos factores fueron decisivos para «la desmoralización de los desposeídos» es lo más patético que se puede llegar a afirmar a nivel histórico. No solo es una auténtica falta de respeto para los antifascistas hispanos y de todo el mundo, sino que es una mentira que, como tal, tiene las patas muy cortas. Precisamente el programa de «nueva democracia» de Mao incluía: 1) negar la hegemonía de cualquier clase o partido en esta etapa; 2) no obstaculizar, sino primar, el desarrollo del sector privado considerándolo «beneficioso para el pueblo»; 3) pedir créditos al imperialismo extranjero para industrializar el país y «desarrollar las fuerzas productivas»; 4) considerar a la burguesía compradora y al colonialismo como únicos enemigos de la nación, configurando a la burguesía nacionalista como parte del «pueblo» y «aliado fundamental» para el triunfo de la revolución, esquema de alianzas que consideraban también posible «durante la construcción del socialismo». No podemos hacer nada por quien se atreva hoy a negar esto; simplemente le aleccionamos a que repase las obras originales del autor chino sin adulteraciones. Véase nuestra obra: «Comparativas entre el marxismo-leninismo y el revisionismo chino sobre cuestiones fundamentales» (2016). 

jueves, 28 de abril de 2022

La terrible disociación entre la teoría y la práctica y sus consecuencias; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Editado originalmente en 2022. Reeditado en 2026]

Por cuestiones obvias, consideramos este capítulo uno de los más importantes de nuestro documento. 

a) La «Línea de Reconstitución» y sus sofismas lukacsianos sobre la «praxis»;

b) La LR propone superar el eslogan «¡Estudiar, hacer propaganda, organizar!»;

c) ¿Por qué el revisionismo siempre termina infravalorando y despreciando la «teoría»?;

d) La cruzada contra el «teoricismo», o el señor Galindo luchando contra molinos de viento; 

e) «¡La ignorancia nunca ha ayudado a nadie!»;

f) La interrelación entre teoría y práctica según el socialismo científico;

g) Aclaraciones finales sobre la unidad entre teoría y práctica. 

La «Línea de Reconstitución» y sus sofismas lukacsianos sobre la «praxis»

Entiéndase que, entre medias, nos veremos obligados a clarificar conceptos variopintos como: «teoría», «abstracción», «práctica» o «praxis», entre otros; confirmándose, como vimos en entregas anteriores, que no se puede hacer un culto a las palabras (*). Esto demostrará que los sujetos, aun estando separados por otras épocas, distintas lenguas y diferentes culturas filosóficas, y aunque no manejen exactamente los mismos términos, esto muchas veces no les ha impedido entender y actuar de forma análoga. 

Aquí de nuevo tomaremos a la «Línea de Reconstitución» (LR) por ser un buen representante de una o varias desviaciones típicas, lo cual nos servirá una vez más como hilo conductor para explicar las cosas. Ahora, el lector ha de tener en cuenta que, si se fija con detenimiento, sus concepciones nunca son originales, sino reproducciones de las que muchos grupos de la «izquierda» ya cometían antes de su misma existencia −se presentasen estos como más «radicales» y «revolucionarios», o más «moderados» y «académicos», que lo mismo da−; unos planteamientos que, por otra parte, también heredan hoy muchos de los competidores de la LR, lo que certifica que comparten raíces.

jueves, 17 de marzo de 2022

¿El marxismo debe utilizar categorías «no marxistas» o esto es un imposible?; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

«El hombre tiene también «conciencia», pero, tampoco esta es desde un principio una conciencia «pura», el «espíritu» nace ya tratado con la maldición de estar «preñado» de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma de capas de aire en movimiento, de sonidos, en una palabra, bajo la forma del lenguaje. El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que, por tanto, comienza a existir también para mí mismo; y el lenguaje nace, como la conciencia, de la necesidad, de los apremios de relación con los demás hombres. (...) La conciencia es, en principio, naturalmente, conciencia del mundo inmediato y sensorio que nos rodea y conciencia de los nexos limitados con otras personas y cosas, fuera del individuo consciente de sí mismo; y es, al mismo tiempo, conciencia de la naturaleza, que al principio se enfrenta al hombre como un poder absolutamente extraño, omnipotente e inexpugnable». (Karl Marx y Friedrich Engels; La ideología alemana, 1846)

En esta pequeña sección analizaremos cómo los seguidores de la «Línea de Reconstitución» (LR) suelen enredarse con el vocabulario y cómo en este campo vuelven a destilar todo su idealismo filosófico en torno a la cuestión de las palabras con comentarios que a priori pudieran parecer nimiedades. Aquí, una vez más, lo importante no será lo que diga esta gente, sino indagar en toda una cadena de equivocaciones que han sido comunes a la hora de lidiar con cotidianidades, como es en este caso el lenguaje y sus implicaciones. Dicho de otro modo, el valernos de los ejemplos de estos señores será una excusa para plantear otras cuestiones de mayor índole.

Antes que nada, deberíamos aclarar la terminología que vamos a utilizar de cara a los lectores noveles. Mark Rosental y Pavel Yudin en su obra «Diccionario filosófico» (1940), definieron a las «categorías» como: «Los conceptos lógicos fundamentales que reflejan los vínculos y las conexiones más generales y sustanciales de la realidad»; por ende, «las categorías −por ejemplo: la causalidad, la necesidad, el contenido, la forma, etcétera− se formaron en el proceso del desarrollo histórico del conocimiento apoyándose en la práctica productora material y social de los hombres». Por otro lado, por «conceptos» hemos de entender: «La forma del raciocinio humano, mediante la cual se expresan los caracteres generales de las cosas», es «el resultado de la síntesis de la masa de fenómenos singulares», por lo que «en el proceso de esta síntesis abstraemos las propiedades y momentos casuales y no esenciales de los fenómenos, y formamos conceptos que reflejan las conexiones y las propiedades esenciales, fundamentales, decisivas, de los fenómenos y de las cosas». ¿Cuál es el problema aquí? Muy sencillo: «En el proceso de la formulación de los conceptos se crea el peligro de su alejamiento de la realidad. Por ejemplo, el concepto de número nació mediante la abstracción de los números singulares, particulares, que señalan tal o cual cantidad de cosas concretas. Sin embargo, los idealistas siguen considerando hasta hoy que el concepto de número, como los demás conceptos matemáticos, son apriorísticos, que existen antes e independientemente de toda experiencia del hombre. La lógica formal, idealista, enseña que el concepto, como lo general, está completamente abstraído de todo lo particular y concreto».

Lenin ya dejó claro que las «categorías» podían usarse siempre que tuvieran relación con el continuo conocer, es decir, «el pensamiento que avanza de lo concreto a lo abstracto siempre que sea correcto no se aleja de la verdad, sino que se acerca a ella»:

«Es injusto olvidar que estas categorías «tienen su lugar y validez en la cognición», pero como «formas indiferentes» pueden ser «instrumentos del error y de la sofistería», no de la verdad». (...) De la percepción viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica: tal es el camino dialéctico del conocimiento de la verdad». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Resumen del libro de Hegel «Ciencia de la lógica», 1914)

Mientras, volvió a dejar claro que tanto los «conceptos» como las «categorías» tienen su base en la realidad, pero estas no existen como «entes invisibles» ni de forma «eterna», ni significa que su esencia resida en «otra dimensión», sino que son una herramienta fruto del vocabulario que crea el ser humano para acercarse, reflejar y operar con el mundo exterior que tiene delante, el cual siempre está en continuo devenir:

«Si todo se desarrolla, ¿no rige eso también para los conceptos y categorías más generales del pensamiento? Si no es así, significa que el pensamiento no está vinculado con el ser. Si lo es, significa que hay una dialéctica de los conceptos y una dialéctica del conocer que tiene significación objetiva». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Resumen del libro de Hegel «Lecciones de la filosofía», 1915)

En otra ocasión, Antonio Labriola, siendo aún más tajante, declaró en su obra «Del materialismo histórico» (1896), que había que terminar con el llamado: «Mito y el culto de las palabras», porque «las cuestiones terminológicas no tienen ya más valor que el subordinado de una mera convención», ¿a qué se refería? A que había que superar el obstáculo de: «Las vicisitudes humanas, las pasiones y los intereses y los prejuicios de escuela, de secta, de clase, de religión, y después el abuso literario de los medios tradicionales de representación del pensamiento, y la escolástica, nunca vencida». A ese molesto «verbalismo» tendiente a encerrarse en definiciones puramente formales, el cual «lleva la mente hacia el error de creer que es cosa fácil reducir a términos y expresiones simples y palpables la intrincada y cruel complicación de la naturaleza de la historia». O para decirlo de otro modo, ese pensamiento simplón que «anula el sentido del problema porque no ve más que denominaciones».

En cuanto el tema lingüístico, Lenin anotó cómo se forman los conceptos en una forma que, aun hoy, sigue dejando mudos a los críticos del materialismo histórico cuando estos le acusan previamente de ser «árido», «sin vida» y «mecánico»:

«La aproximación del espíritu −humano− a una cosa particular, −el sacar una copia = un concepto de ella− no es un acto simple, inmediato, un reflejo muerto en un espejo, sino un acto complejo, dividido en dos, zigzagueante, que incluye en sí la posibilidad del vuelo de la fantasía fuera de la vida; más aún que eso: la posibilidad de la trasformación −además, una trasformación imperceptible, de la cual el hombre no es consciente− del concepto abstracto, de la idea, en una fantasía −en última instancia = Dios−. Porque incluso en la generalización más sencilla, en la idea general más elemental −«mesa» en general−, hay cierta partícula de fantasía. Y viceversa: sería estúpido negar el papel de la fantasía, incluso en la ciencia más estricta −ejemplo: Písarev sobre los sueños útiles, como un impulso para el trabajo, y sobre los ensueños vacíos−». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Resumen del libro Aristóteles «Metafísica», 1914)

En este caso, se deja claro que no hay una separación absoluta entre lo «material» e «ideal», que dicha diferencia se vuelve casi imperceptible en varios momentos. Entiéndase que cuando una persona aprende un concepto, a veces dicho foco de estudio no interactúa directamente con él −póngase aquí el concepto «tiburón» o «quimera», el cual un niño puede aprenderlo sin ver, degustar, oler o tocar jamás a ninguno de ellos; sino tan solo oyendo y tramitando en su mente lo que un tutor le describe que es dicho animal −real o mitológico−, el cual más tarde lo verá representado en dibujos o lo escuchará fugazmente en las narraciones de los cuentos−. Ergo, a priori basta con que a sus sentidos lleguen las «huellas» de tal objeto de estudio −real o ficticio, pasado o presente, folclórico o científico− que le ha legado la humanidad. El problema es que tal concepción no es muy fiable y con el tiempo debe de ser revisada. Centrándonos en los adultos, cada persona se ve forzada a reconstruir sus concepciones de forma continua. ¿Cómo? A partir de toda una serie de abstracciones, las cuales serán cada vez más refinadas si reconstruye todo críticamente, partiendo, o mejor dicho, acercándose a la fuente de su estudio; y solo entonces, el niño que pasa a adolescente verificará por qué un «tiburón» es real y la «quimera» solo lo es en tanto existe el concepto del monstruo de la mitología griega, un híbrido mitad león, cabra y serpiente −además, con el tiempo descubrirá muy seguramente que la riqueza del lenguaje es tal, que también existen otras concepciones de «quimera» como sinónimo de «utopía» o «imposible»−. Dicho lo cual, entendiendo que todo está en movimiento −no solo los organismos vivos, sino también todo el lenguaje con el que operamos−, es muy posible que tal idea inicial que uno se ha hecho en su cabeza sobre X cuestión no sea muy aproximada −auténtica−. Tampoco es descartable que en su día no lo fuese porque operásemos bajo un soporte defectuoso para su estudio −o que ese objeto o cualidad haya cambiado sustancialmente−. Esto ocurre en todos los eventos de la vida: cuando los descubrimientos de la ciencia nos enseñan mejor cómo opera un concepto de física; cuando notamos que una persona ha cambiado tanto que su personalidad ha pasado de ser por norma «apacible» a fácilmente «irascible»; o cuando una nueva regla gramatical nos obliga a habituarnos a una nueva forma de escritura. En todos estos casos, deberemos reformular nuestras pretensiones sobre aquello que caracterizaba a dicho concepto −aun hasta cuando fuese bastante aproximado y correcto−.

viernes, 25 de febrero de 2022

El PCE (r) y Cía. como voceros del imperialismo ruso; Equipo de Bitácora (M-L), 2022


[Publicado originalmente en 2017. Reeditado en 2022]

«En esta sección repasaremos varias cuestiones relacionadas con la Rusia del siglo XXI:

En primer lugar, analizaremos la economía del país euroasiático en relación a la teoría imperialista de Lenin. Gracias a esto observaremos luego que la mayoría de rusófilos, como Atilio Borón, José E. Egido, Manuel Shuterland, Arenas y compañía, no conocen o no han querido entender qué es eso del «imperialismo» en la era del capitalismo moderno.

En segundo lugar, repasaremos aquello de que «Rusia no ha tenido una política militar intervencionista», recordando los eventos de Chechenia, Georgia, Ucrania o Kazajistán, y repasando los vínculos económicos con sus aliados como Bielorrusia, Siria y Kirguistán.

En tercer lugar, observaremos cómo el Partido Comunista de España (reconstituido) reproduce hoy las teorías más burdas sobre el presunto «progresismo» que guardaría la figura de Vladimir Putin, que confirman que es uno de los mayores voceros históricos del imperialismo ruso en la Península Ibérica, una posición continuista de las labores que ya realizaban en los años 70 y 80 defendiendo a Brézhnev o Gorbachov, no sabemos si a cambio de unos cuantos rublos o de forma gratuita, porque hay que tener en cuenta que siempre hay tontos motivados. 

En cuarto lugar, observaremos cómo la «izquierda» prorrusa guarda una fe casi mística hacia los nacionalistas vestidos de rojos, como Guennadi Ziugánov, de quienes esperan que con la ayuda de la burguesía nacional conduzcan de nuevo a Rusia hacia ese nuevo «socialismo reformado». Esto mostrará a los fanáticos del PCE (r) que sus ídolos de barro han ido descendiendo del nivel del lenguaje enfervorizado y anarcoide a las proclamas posibilistas y populistas, sorprendente, pero no por ello inesperado. 

Por último, y no menos importante, analizaremos cuales han sido los precedentes que dan pie a la Invasión rusa de Ucrania (2022), las tiranteces históricas entre ambos países desde el siglo XVIII hasta nuestros días. De igual modo, nos veremos en la obligación de refutar los argumentos de los plumíferos este bloque imperialista y el contrario para justificar sus políticas.


Rusia reúne sobradamente todos los rasgos de una potencia imperialista

¿Cuáles eran estos rasgos del imperialismo que describía Lenin y de los que tanto hablan los falsos leninistas de hoy?:  

«1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este «capital financiero», de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular; 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo; y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

Todos estos datos, insistimos, fueron relatados en comparativa a las estadísticas de años y siglos anteriores, constatándose, en lo sucesivo, como una tendencia objetiva. Como nota importantísima hay que aclarar que los países punteros advertían el camino general, ya que estos eran rasgos inherentes al propio sistema de producción. Esto significaba que fenómenos como la «concentración de la producción y capital», la «fusión del capital bancario con el industrial», la «exportación de capital», la «formación de asociaciones internacionales que se reparten el mundo», etc. eran «estaciones» −etapas− a las que iban a ir llegando −como así sucedió− todos los «trenes» −países− que estuvieran históricamente viajando en el mismo «rail» −capitalista−. Otra cosa muy diferente, claro está, es la velocidad para completar tal trayecto −y en qué estaciones se encontrarían ya viajeros que fueron pioneros−. En la práctica el hecho de que X haya alcanzado un alto grado −pongamos− de exportación de capital −algo quizás inédito en su pasado reciente−, no excluye que a su alrededor existan otros gobiernos o empresas Y o Z que doblen o tripliquen sus datos, ni que en la arena internacional le amenacen debido a sus fuertes alianzas internacionales, ejército, balanza comercial, deuda, etc. Esto implica que hay y seguirá habiendo, más allá de rasgos generales o específicos, capitalistas dominados y dominantes −y este estatus puede alterarse de forma sorprendente en el devenir histórico−. Por eso el mayor pecado del analista metafísico es, como veremos más adelante, reducirlo otro a uno o varios factores −olvidándose de otros y no llegando jamás a un cómputo general lúcido−.

En su momento Engels tuvo que aclarar a algunas cabezas huecas que ponían en tela de juicio la validez de conceptos como «feudalismo» −porque no siempre se manifestaba de forma calcada−. En su caso, Lenin también tuvo que señalar que nunca hemos de:

«Olvidar la significación condicional y relativa de todas las definiciones en general, las cuales no pueden nunca abarcar en todos sus aspectos las relaciones del fenómeno en su desarrollo completo». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)

¿Y bien? Aun con esta advertencia, ¿cumple Rusia con estos requisitos? Por supuesto. No necesitamos ni siquiera basarnos en demasiadas fuentes distintas para reunir las piezas del puzle, ya que existen investigaciones que documentan todo esto sobradamente a través de datos oficiales, no es un secreto, ni mucho menos. Pero dado que hay gente empecinada en negar lo que los hechos confirman, daremos un breve repaso al tema.

En primer lugar, a muchos cuando se les habla de «imperialismo» imaginan el puñado de imperios coloniales europeos del siglo XIX, o realizan comparativas todavía más lejanas en el tiempo:

sábado, 1 de enero de 2022

Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas»; Equipo de Bitácora (M-L), 2022

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Si bien es cierto que, a diferencia del siglo XIX, en el que las jornadas laborales superaban las doce horas, en la actualidad el tiempo de trabajo se ha reducido a las ocho horas −siempre sobre el papel, está claro−, a lo que debemos sumar toda la serie de tareas y preocupaciones que se generan tanto en el hogar como en el círculo social. La evolución del trabajo en la etapa de los grandes monopolios y las grandes cadenas de montaje derivó, como sabemos, en un sinfín de trabajos cada vez más sencillos, pero a cada cual más tediosamente mecánico. En tiempos de «precarización laboral», al trabajador se le obliga a imbuirse en el maravilloso mundo de los empleos temporales y a la media jornada, al pluriempleo; bien como complemento para su trabajo fijo de 8h o como concatenación de varios pequeños trabajos para sumar un sustento que le permita la subsistencia. (...) Todo esto convierte al trabajador manual en un ser de gran penumbra espiritual, falto de ánimo y autoestima, que debe abstraerse y contentarse pensando que debe «aguantar» en pos de un fin mayor: pagar la hipoteca de la casa, la comida y la vestimenta familiar; en suma, sobrevivir. (...) Pensar tal y como hacen los «reconstitucionalistas», que todo esto no tiene demasiada importancia porque vivimos en plena era digital donde podemos optar a un acceso a la información cien veces mayor, que se han conquistado una serie de derechos o hay acceso a un nivel cultural mayor que hace siglos, es poco menos que una broma, la constatación de la estulticia de su pensamiento, del maremágnum de ignorancia que portan. La mayoría de asalariados que vuelven a casa exhaustos del trabajo no van a decidir espontáneamente indagar sobre qué es eso del marxismo, y los que tienen tal inquietud apenas tienen el tiempo y la vitalidad que quisieran para dedicarle a su formación; el cansancio agota su cuerpo y apaga su espíritu. Por otra parte, el sistema capitalista se ha encargado también de que tengan a su acceso múltiples distracciones banales, actividades de ocio que alejan aún más al trabajador promedio de la teoría revolucionaria. Pensar lo contrario es vivir en una realidad paralela, la cual indica o bien que nunca han experimentado tal sensación o bien que simplemente no saben distinguir entre su mundo subjetivo y el de millones de personas». (Equipo de Bitácora (M-L); Sobre la nueva corriente maoísta de moda: los «reconstitucionalistas», 2022)


[Obra editada originalmente en 2017, reeditada en 2022]

Preámbulo

«En estos apuntes me he propuesto como tarea indagar qué es lo que ha hecho desvariar a esas gentes que predican, bajo el nombre de marxismo, algo increíblemente caótico, confuso y reaccionario». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Materialismo y empiriocriticismo, 1908)

Esta tendencia, que llamamos «reconstitucionalista», quizás sea la más caricaturesca del maoísmo. Se podría decir que son algo así como la personificación real de aquellos jóvenes ficticios que protagonizaban la película de Jean-Luc Godard: «La Chinoise» (1967), quienes causaban la mofa a diestro y siniestro achacando a sus adversarios los mismos defectos que ellos profesaban. Estos creían ciegamente en Mao Zedong sin pararse a analizar nada en lo más mínimo, dedicaban sus tardes a aprenderse y recitar las poéticas citas arregladas del Libro Rojo de Mao como si de profetisas del Oráculo de Delfos se tratasen. Insistían sobre la necesidad de «superar el dogmatismo de la época de Stalin», sentencia a la cual habían llegado no en base a material de primera mano y estudios propios, sino a través de repetir mecánicamente la propaganda de la «Revolución Cultural» y los intelectuales del «Mayo del 68». Hablamos de unos muchachos acomodados que a menudo charlaban entre ellos sobre la idea de cometer atentados terroristas contra los representantes de la universidad o contra los dirigentes del imperialismo, que se comunicaban en un lenguaje indescifrable para las masas… como si todo esto fuera el súmmum de ser revolucionario. Para desgracia nuestra, los maoístas modernos de esta rama llamada «reconstitucionalista» no son personajes ficticios, sino gente de carne y hueso. 

Nos resulta especialmente graciosa esta nueva moda neomaoísta. ¿Qué es este movimiento que se presentó en su día como superador de los errores del Partido Comunista de España (reconstituido)? Una unión de diferentes grupos con inclinaciones maoístas que emergió desde varios afluentes: desde la disidencia maoísta dentro del prorruso Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) hasta pasar por la escisión que sufrió el propio PCE (r) en los años 90 (La Forja, Nº21, 2001). Varias de estas tendencias descontentas se agruparon entre 1994-06 en el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y su órgano de expresión «La Forja». Aunque su proyecto de «reconstitución del partido» fracasó estrepitosamente, desafortunadamente no desaparecieron de la escena. Aunque más fragmentada, esta tendencia se empezó a reagrupar y volvió a publicar bajo expresiones varias: Nueva Praxis (NP), Revolución o Barbarie (RyB), y el Movimiento Anti-Imperialista (MAI). Más tarde, decidieron repetir la historia fundiéndose en un órgano teórico de expresión, «Línea Proletaria» (LR), formando en conjunto el órgano político «Comité por la Reconstitución» (CxR). Pero parece que la «lucha de dos líneas» maoísta no tardó en hacer efecto y hubo varias escisiones como la de Unión Proletaria (UP), cuya notoriedad ha sido y es, también, nula. ¿Qué sorpresa, verdad? 

El lector no debe aterrorizarse si generalmente se pierde con las teorías y expresiones de esta gente, le garantizamos que durante el presente documento recordaremos una y otra vez lo que supone esta sopa de siglas y aclararemos las expresiones barrocas que acostumbran a utilizar para marear la perdiz. Comenzando por el plato fuerte: ¿qué proponen para revertir la deplorable situación en la que estamos? De forma idealista achacan toda equivocación o mal resultado histórico al «agotamiento del Ciclo de Octubre» −coletilla que usarán hasta en la sopa, a modo de cabeza de turco−. A decir verdad, estos señores han venido sufriendo una miopía severa durante décadas a causa de empecinarse en portar unas lentes filosóficas mal graduadas, lo que a la hora de analizar los procesos históricos se ha visto reflejado en un estudio confuso, borroso, deviniendo, por lo tanto, en especulaciones sobre lo que se tiene delante. Esta y no otra es la razón por la que siempre tratan de salvar la situación trayendo a colación machaconamente este eslogan sobre las «limitaciones» del «Ciclo de Octubre», su «Deus ex maquina» preferido, como si con ello se explicasen los interrogantes o equivocaciones de las experiencias desde 1917 hasta hoy; como si esto bastase para sustituir el estudio pormenorizado a base de datos, argumentos y pruebas factuales. Para ellos, en realidad, todo grupo político estuvo y está «poco maoizado», y junto a esto, ninguno ha comprendido ni sabido aplicar los «grandes aportes» del gran «Presidente Gonzalo»; de esta forma dan carpetazo al asunto, prometiendo, eso sí, «futuros estudios» sobre el tema particular, estudios que, como es obvio, jamás llegan. 

miércoles, 4 de agosto de 2021

La teoría de que el movimiento obrero necesita los atentados del terrorismo como estímulo; Equipo de Bitácora (M-L), 2017


[Nota: Editado en 2017. Reeditado en 2021]

«En los estudios del siglo XIX de Marx y Engels sobre Rusia y las fuerzas políticas en pugna, se dejó bastante claro lo que estaban realizando los populistas –antecesores de los eseristas–. No estaban precisamente estimulando al pueblo para vencer al zarismo, sino que más bien, con sus acciones terroristas, precisamente habían agrupado en torno a la autocracia zarista a las clases sociales que no necesariamente estaban interesadas en su continuación:

«Así escribía Marx en 1877. A la sazón había en Rusia dos gobiernos: el del zar y el del comité ejecutivo [ispolnítelnyi komitet] secreto de los conspiradores terroristas. (…) La revolución rusa no se produjo. El zarismo ha triunfado sobre el terrorismo, el cual, en el momento presente ha empujado a todas las clases pudientes y «amigas del orden» a que se abracen con el zarismo». (Friedrich Engels; Acerca de la cuestión social en Rusia, 1894)

Lenin aconsejó a los revolucionarios suizos que, según la experiencia de los bolcheviques, la lucha por el socialismo debía emitirse en una propaganda que combatiera sistemáticamente tanto el pacifismo de los oportunistas como el terrorismo de los aventureros anarquistas. Lo que era imperativo era educar a las masas en el uso de la violencia revolucionaria, pero siempre involucrando al pueblo en ese desempeño para que, llegado el momento, visto que los explotadores seguramente no iban a entregar el poder, las masas, ya concienciadas y experimentadas, realizasen una revolución popular para imponer justicia y cumplir sus anhelos. Se trata de algo a todas luces muy distinto de los pequeños comandos terroristas que actúan a su libre albedrío fuera de la lucha de las masas y que ignoran el grado de concienciación de estas:

«Permítanme decir algunas palabras sobre otro punto que se discute mucho en estos días y respecto del cual, nosotros, los socialdemócratas rusos, poseemos una experiencia especialmente rica: el problema del terror. (...) Estamos convencidos de que la experiencia de la revolución y contrarrevolución en Rusia confirmó lo acertado de la lucha de más de veinte años de nuestro partido contra el terrorismo como táctica. No debemos olvidar, sin embargo, que esta lucha estuvo estrechamente vinculada con una lucha despiadada contra el oportunismo, que se inclinaba a repudiar el empleo de toda violencia por parte de las clases oprimidas contra sus opresores. Nosotros siempre estuvimos por el empleo de la violencia en la lucha de masas y con respecto a ella. En segundo lugar, hemos vinculado la lucha contra el terrorismo con muchos años de propaganda, iniciada mucho antes de diciembre de 1905, en favor de una insurrección armada. Considerábamos la insurrección armada no sólo la mejor respuesta del proletariado a la política del gobierno, sino también el resultado inevitable del desarrollo de la lucha de clases por el socialismo y la democracia. En tercer lugar, no nos hemos limitado a aceptar la violencia como principio ni a hacer propaganda en favor de la insurrección armada. Así, por ejemplo, cuatro años antes de la revolución, apoyamos el empleo de la violencia por las masas contra sus opresores, especialmente en las manifestaciones callejeras. Hemos tratado de que la lección dada por cada manifestación de este tipo fuera asimilada por todo el país. Comenzamos a prestar cada vez mayor atención a la organización de una resistencia sistemáticamente y sostenida de las masas contra la policía y el ejército, a traer, mediante esa resistencia, la mayor parte posible del ejército al lado del proletariado en su lucha contra el gobierno, a inducir al campesinado y al ejército a que participasen con conciencia de esa lucha. Esta es la táctica que hemos aplicado en la lucha contra el terrorismo y estamos profundamente convencidos de que fue coronada con éxito». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso en el Congreso del Partido Socialdemócrata Suizo, 1916)

jueves, 6 de mayo de 2021

El error infantil de relacionar automáticamente represión con fascismo; Equipo de Bitácora (M-L), 2021


[Este capítulo fue escrito originalmente en 2017]

«Uno de los rasgos predilectos de los falsos ilustrados en fascismo es ver fascismo en cada acto de represión, como si la represión no fuera inherente a cualquier Estado democrático-burgués, es decir, a cualquier forma en que se dé la dictadura de la burguesía.

¿Un aumento de represión en la idílica Europa?

En España, desde la introducción de la Ley Mordaza en 2015, efectivamente se han coartado más los derechos y libertades existentes gracias a una variedad de artículos ambiguos que ponen muy fácil que bajo un criterio subjetivo se condene a los acusados. Existen artículos que afectan al derecho de defensa y la presunción de inocencia:

«El artículo 52 regula «el valor probatorio de las declaraciones de los agentes de la autoridad». Y es muy alto. Lo que digan los agentes que hayan presenciado los hechos constituye «base suficiente» para la multa, dice la ley. Es decir, que pesa más la palabra del policía que del afectado, algo que rompe el principio de igualdad procesal. En procesos penales la equidad sí está garantizada porque hay un juez independiente que decide sobre las pruebas». (El Diario.es; Los siete derechos fundamentales que limita la «Ley Mordaza», 30 de junio de 2016)

Artículos que afectan al principio de seguridad jurídica:

«Entre las ambigüedades, por ejemplo, el artículo 36.2: será infracción muy grave –hasta 600.000 euros– «la perturbación de la seguridad ciudadana» en el Congreso, el Senado y las cámaras autonómicas aunque los edificios estén vacíos. ¿Qué es perturbar la seguridad ciudadana? ¿Interrumpir un pleno, protestar a la puerta, cortar la calle, gritar? La ley no lo define. Otra actitud punible es la «falta de respeto y consideración» a un policía. ¿Es eso un insulto, un mal gesto, o solo una agresión? No se determina. También prevé multa para organizadores y promotores de manifestaciones no autorizadas. ¿Incluye ese concepto al que tuitee la convocatoria? ¿Estar en la cabecera de la protesta? La ley añade de remate que se puede considerar promotor por «cualesquiera otros hechos». (El Diario.es; Los siete derechos fundamentales que limita la «Ley Mordaza», 30 de junio de 2016)

jueves, 1 de abril de 2021

Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«Los jóvenes que apoyan esto demuestran su desconocimiento sobre qué eran estas bandas más allá de la propaganda que ellas mismas y sus simpatizantes proclaman. Cualquier rapero de este tipo lo único que consigue es seguir contribuyendo a mantener el mito de estas organizaciones. Hasél no ha crecido y madurado políticamente, ha pasado de sus simpatías por Izquierda Unida a los GRAPO, de admirar a Anguita a beber los vientos por Arenas, y ahí se ha estancado, pero el resto de la juventud no tiene por qué seguir su deriva, puede y debe progresar, formarse ideológicamente, para sí poder discernir entre lo que es y no debería de ser reivindicable: diferenciar blanquismo y anarquismo de marxismo; populismo, trotskismo y eserismo de leninismo; aventurerismo y terrorismo del marxismo-leninismo». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2021)


Preámbulo

Este documento no será una mera crítica al Partido Comunista de España (reconstituido) y a su brazo armado los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, sino que será un ataque directo a la médula del propio maoísmo. Elegimos la historia de este grupo ya que es quien mejor ha condensado la demagogia de esta corriente, pero sépase que hubo infinidad de grupos y hoy varios de sus sucesores vuelven a la carga, de ahí la imperiosa necesidad de relanzar este importante documento escrito originalmente en 2017. 

Ha de saberse que la historia del PCE (r)/GRAPO y sus líderes es el relato de unos mentirosos compulsivos que ocultan sus documentos y falsifican su propia historia; artífices de sofismas continuos, de una hipocresía de campeonato pensada para justificar sus constantes bandazos ideológicos. La historia del PCE (r)/GRAPO es como la de cualquiera organización oportunista: parten de un guion de poca monta basado en mitos endebles, y en cuanto estos son investigados sale rápido a la luz sus incontables incongruencias. A partir de ahí sus protagonistas intentan relativizar todo esto para poder continuar con su show. 

Debido a que este documento alcanza casi las mil páginas, consideramos necesario realizar una introducción clara para que el lector sepa que va a encontrarse en cada bloque:

1) El líder histórico de la organización, el «camarada Arenas», intentó engañar al público diciendo que «nunca han sido maoístas» pero que valoran a Mao como un «gran marxista-leninista». Lo cierto es que desde la fundación del PCE (r) nos han bombardeado con las clásicas diatribas del «Pensamiento Mao Zedong». En este primer capítulo se analizaran algunos mitos de la historia del maoísmo que su dirección asumió sin rechistar: las relaciones entre el Partido Comunista de China (PCCh) y la Internacional Comunista, la estrategia militar maoísta, la política del PCCh en torno a la cuestión nacional, las relaciones sino-soviéticas, etc.

2) En este bloque se analizará cómo el PCE (r), al igual que tantos otros grupos de aquellos años 70, adoptó las recetas de Pekín en cuanto a filosofía, organización, arte, economía, cultura, etc., especialmente los nacidos al calor de la «Revolución Cultural» (1966-76). Al defender a capa y espada todas y cada una de las desviaciones del revisionismo chino –como de hecho continúan haciendo en los puntos fundamentales– ha sido esta y no otra es la razón principal de sus estrepitosos fracasos –aunque estaría al mismo nivel de su falta de honestidad personal–, pero a pesar de que ello, siguen sin querer desprenderse del todo de sus «ídolos de barro» por miedo a quedar «desacreditados», aunque hace largo tiempo que ese barco zarpó.

3) Aquí se comprobará cómo para configurarse el PCE (r) copió todos y cada uno de los dogmas maoístas para su estructura partidista: «lucha de dos líneas», «unidad-crítica-unidad», «línea de masas», y un infinito etcétera. Examinaremos tanto lo que significaban estos conceptos en la teoría como lo que significaron en realidad en la praxis, ya que algunos aún no han aprendido a distinguir entre propaganda y realidad, y para tal ejercicio no solo podemos valernos de la documentación de los protagonistas, sino también de la externa a los propios implicados.

4) En su día los jefes del PCE (r) nos hablaban con vehemencia «de la necesidad de la lucha contra el revisionismo y el imperialismo» pero ellos han sido los mayores agentes de la burguesía en el seno del «movimiento revolucionario», se han comportado como gratuitos abogados de Mao, Deng, Brézhnev o Gorbachov. Ahora hasta han rehabilitado a Thälmann, Beria, Kim Il Sung, Guevara, Perón o Putin. La lista de despropósitos sería interminable.

5) Antiguamente mantenían que «a iniciativa del PCE (r) y bajo su dirección fueron creadas numerosas organizaciones» entre las que «cabe destacar a los GRAPO». En cambio, ahora juran que «el PCE (r) no fue creador de los GRAPO» y atacan a quién no crea tal cambio de parecer. Clamaban «no somos blanquistas, anarquistas, ni terroristas», cuando su línea de acción ha sido el terrorismo individual sin conexión con las masas, pero son tan idealistas que como creen que su lucha era justa eso exime a sus acciones de su carácter objetivo; ¡no era terrorismo sino «resistencia armada»! Aquellos que cayeron presos por promocionar y practicar el aventurerismo son, según ellos, «presos políticos por el único delito de ser comunistas». Ya que uno de los mayores puntos de demagogia de ha concentrado en estos puntos, se hará un repaso histórico entre las nociones y actividades militares del PCE (r)/GRAPO para desenmascarar sin piedad su discurso.

6) La dirección del PCE (r) que alardeaba de las «previsiones científicas» de sus análisis y todavía hoy nos sigue vendiendo que España «sigue siendo un Estado fascista», sin más justificación que su cabezonería. Su grupo lanzó la absurda tesis que dice que «cuando el capitalismo alcanza el grado monopolista su forma de dominación es el fascismo», y que, por tanto, no puede volver jamás a formas de dominación demócrata-burguesas. Para para inri, llaman «fascista» a cualquier que no siga sus esquemas irreales. Y por si no hubieran hecho suficientemente el ridículo, resulta que ante cualquier conato de crisis se profetiza cada dos por tres «el inminente fin del sistema tal y como lo conocemos». En esta sección constataremos además que las peregrinas ideas que el PCE (r) ha difundido siempre, con las nefastas connotaciones que esto ha tenido para su propia estrategia política: no participación en las elecciones, sindicatos, desprecio del uso de la legalidad existente y demás.

7) Nos juraban que como «vanguardia» indiscutible iban crear y aplicar «un programa revolucionario». ¿Y bien? Pese a que ni ellos ni sus aliados tenían ni tienen poder para plantear nada sobre cómo será o dejará de ser el proceso, aún siguen defendiendo un esquema mecánico donde, al igual que otras formaciones de la «izquierda radical», se lamentan de que la «revolución socialista» no está madura en España, por lo que concluyen que será necesaria una etapa intermedia, una «república popular» con un gobierno de coalición y mil peros más que anticipan de antemano. En relación a lo anterior, analizaremos las estrategias y tácticas centrales del PCE (r): su programa pequeño burgués, su concepción de las huelgas, su concepto de «presos políticos», etc. Temas en los cuales pese a ser su principal dedicación tampoco lo han sabido enfocar debidamente.

8) En cuanto a problemática nacional en España, mantienen una proclama de que la independencia de la nación oprimida es per se beneficiosa para la «causa revolucionaria», sin mucho más análisis de fondo. Algo que, mezclado con su influencia marginal en el panorama político, han sido suficientes razones de peso como para ir adaptándose al discurso del nacionalismo vasco y catalán, yendo a remolque de la «izquierda abertzale» y la «esquerra independentista», sin duda una fórmula desesperada que ha tenido como único fin intentar ganar algo de influencia en dichas zonas. 

9) En esta penúltima parte registraremos como Olarieta y otros mantienen desde las tribunas del PCE (r) una peligrosa postura sobre el cambio climático, muy similar a la de los representantes del imperialismo, especialmente a la llamada «derecha alternativa». Hablamos de la misma esencia analítica de tipo conspiranoica y especulativa que hoy han reproducido en torno a la cuestión del COVID-19. Será menester, pues, ver qué relación tiene la cuestión ecológica con el análisis y método marxista, combatiendo tanto a los llamados «ecosocialistas» como a los negacionistas del cambio climático.

10) En esta última sección, y no por ello la menos importante, observaremos cómo algunas de estas ideas han calado en algunos artistas: siendo el «haselismo»: postureo, gansterismo, comentarios machistas, metáforas sobre el consumo de drogas, embellecimiento de la república burguesa, admiración por los líderes del nacionalismo catalán, fascinación generalizada por los jefes del tercermundismo, etc. El capitalismo español ha usado al haselismo y sus estúpidas declaraciones como un espantapájaro contra el marxismo. También realizaremos echaremos una mirada histórica al rock vasco ochentero del entorno etarra para observar hasta qué punto el haselismo es comparable en cuanto a influencia y destreza de lo que debería ser un «arte combativo».

Notas

[1] Lectura y descarga del PDF [AQUÍ] en Scrib o [AQUÍ] en Mega.

[2] Para consultar todos los documentos en PDF editados por el Equipo de Bitácora (M-L) pinche [AQUÍ].

sábado, 13 de marzo de 2021

¿A estas alturas con la cantinela de las «fuerzas productivas»?; Equipo de Bitácora (M-L), 2021

«Si bien anteriormente comprobamos que las estadísticas de inversión extranjera directa de China en América Latina confirman que gran parte eran con fines especulativos y rentistas, esta es justamente la misma estrategia que el gigante asiático sigue en África:

«Las industrias extractivas −entre las que se incluye la petrolera− suponían 22.5% del PIB en 2010. Frente a ello, se contraponen sectores marcadamente tradicionales, como la agricultura o parte importante de los servicios (gráfica 4). Al ser China el comprador casi exclusivo del petróleo sudanés, se volvió en el gran financiador externo de la economía del país. Así, no sólo era el principal inversor, sino también el principal mercado del petróleo y, por lo tanto, de las exportaciones sudanesas (gráfica 5) [de un 3% de las exportaciones hacia China en 1999 a un 80% en 2010]. (...) Llama la atención que esta «lluvia de millones» no haya ido acompañada de un nuevo equilibrio del sector exterior, sino que hubiera déficits comerciales importantes. Esto no fue más que resultado del crecimiento sin precedentes de las importaciones como respuesta a la momentánea superación de la falta de liquidez. (...) China actuó como el primer financiador de la economía sudanesa y aportó un volumen creciente de manufacturas. Sin embargo, no desplazó del todo a los países europeos como fuente de aprovisionamiento industrial, ni se implicó en el desarrollo de sectores productivos propios más allá del petróleo ni en la construcción de infraestructuras (Bosshart, 2007). (...) Además, ha apoyado activamente con asistencia tecnológica y cesión de patentes el desarrollo del Complejo Industrial Militar. Todo ha favorecido al nuevo Estado islamista de corte neoliberal a partir de los años noventa». (Alfredo Langa Herrero & Daniel Coq Huelva; Renta petrolera y dependencia económica. El papel de China en los nuevos procesos de crecimiento en África: el caso sudanés (1989-2011), 2018)

El señor Gouysse no solo se ha vuelto prochino, sino que ahora también se ha vuelto católico y cree en los milagros. ¡Aleluya! Por eso asegura que existe, por un lado, un cierto «altruismo chino» que «impulsa» la economía de estos países mientras que, por el otro, existe una burguesía nacional en los países latinoamericanos con la predisposición de abandonar la rentabilidad a corto plazo, recortar los lujos y la corrupción de sus dirigentes «por el bien común». Resulta que ahora, gracias a las «desinteresadas inversiones chinas», la mayoría de estos Estados construirán lo que llevan siglos sin conseguir: una industria nacional independiente de los imperialismos foráneos −extracontinentales o regionales−. Parece que, a estas alturas, el señor Gouysse no es consciente de aquello que hasta los chavistas venezolanos reconocen: que el país, tras varias décadas de «socialismo del siglo XXI», no ha sido capaz de escapar del modelo extractivo del petróleo, quedando su economía sujeta a los vaivenes del precio del crudo en el mercado internacional. Vamos, lo que él mismo se encargó de reportar en su obra: «Imperialismo y antiimperialismo» (2007). Véase nuestro capítulo: «Las causas reales de la permanente crisis político-económica venezolana» de 2018. 

Parece ser que el nuevo lacayo de Pekín intenta disimular algo tan simple como que la división internacional del trabajo también genera superganancias a China, pero solo gracias a una balanza comercial favorable en detrimento de América Latina o África. Los gobiernos latinoamericanos son presionados constantemente por esa supuesta China «librecambista» para que, en lugar de exportar sus productos procesados, se centren en la producción y exportación de materias primas. ¿Qué sorpresa, verdad?

«Existen otros factores que no permiten la diversificación del comercio y afectan su composición. China impone barreras comerciales, incluyendo aranceles relativamente altos e instrucciones a las empresas de propiedad del estado para que prioricen la compra de bienes nacionales. Las restricciones comerciales también tienden a aumentar con el grado de procesamiento y el valor agregado del bien comercializado. Por ejemplo, Argentina entró en una disputa comercial con China cuando trató de exportar a ese país aceite de soya en lugar de soya en grano. Cuando el embarque fue considerado inaceptable debido a supuestas preocupaciones sanitarias, Argentina tuvo que ceder y volvió a enviar soya en grano. Finalmente, las políticas cambiarias de China, que mantienen bajo el valor del yuan, sirven para aumentar el precio de las exportaciones de América Latina a China. Todas estas restricciones en conjunto hacen más complicados los esfuerzos para ampliar las exportaciones de bienes procesados y manufacturados. (…) El auge en las exportaciones basado en solo unos cuantos productos primarios tiene sus riesgos. Una contracción significativa en la economía de China tendría un impacto importante en el crecimiento en América Latina, ya que los flujos comerciales y de inversión disminuirían. Además, más allá del hecho de que el incremento de las exportaciones basado en solo unos pocos productos primarios deje al país vulnerable a la volatilidad de precios». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

Países potentes como Brasil, una potencia regional −aunque incapaz de rivalizar con el dragón asiático−, demuestran que el comercio con China y la política de su gobierno no conducen, precisamente, a su industrialización, sino a la desindustrialización progresiva, lo que, como es de esperar, levanta aireadas reacciones:

«El aumento galopante en importaciones de China, que creció 61 por ciento entre los años 2009 y 2010, y 47 por ciento en los dos primeros meses del 2011, ha causado una alarma considerable entre los fabricantes brasileños y ha creado continuas tensiones entre los dos países. En 2010, el 84 por ciento de las exportaciones de Brasil a China fueron materias primas, entre las cuales el hierro, la soya y el crudo representaban tres cuartos de las exportaciones. Por otro lado, el 98 por ciento de las importaciones de China fueron productos manufacturados, encabezando la lista los televisores, pantallas LCD y teléfonos. La política cambiaria de China, que sirve para mantener subvaluada su moneda, combinada con la fortaleza de la moneda brasileña, el real, exacerbaron las presiones sobre los fabricantes brasileños. El fuerte impacto sobre las industrias textiles y de calzado ha llevado a la Confederación Nacional de Industrias a realizar advertencias sobre la desindustrialización en aquellos sectores. Algunos sectores manufactureros han logrado tener éxito al pedir protección del gobierno, tal como sucedió en diciembre de 2010, cuando Brasil aumentó sus aranceles de importación aplicables a una lista de juguetes, pasando de 20 a 35 por ciento. Brasil también ha iniciado una serie de investigaciones anti-dumping contra productos chinos». (Econ South; El comercio estrecha vínculos entre China y América Latina, Volumen 13, N2, 2018)

¿Cómo han evolucionado las relaciones comerciales entre ambos países? ¿Ha cesado ese intercambio desigual y desindustrializador en detrimento de la independencia económica de Brasil o por el contrario se ha seguido en la misma línea?

«En 2018, solo tres productos −soja, petróleo, mineral de hierro− sumaron el 82% de las exportaciones brasileñas a China (Figura 1). En el sentido opuesto, las importaciones brasileñas de China son casi 100% de productos manufacturados, sobre todo productos electrónicos, productos químicos, máquinas y equipos». (Luis Antonio Paulino, revista relaciones internacionales; las relaciones Brasil-China en el siglo, 2020)

viernes, 6 de noviembre de 2020

¿Cuál debe de ser la forma y contenido crítico hacia los adversarios políticos?; Equipo de Bitácora (M-L), 2020


«Un problema que puede parecer secundario también tiene su aquel. Hablemos de la forma y contenido de las críticas hacia los adversarios políticos.

No estamos diciendo, como han proclamado diversos renegados, que el Partido Comunista de España (marxista-leninista) debiese intentar ganarse a las cúpulas de las distintas organizaciones oportunistas o a los cabecillas de las fracciones que surgían en su seno:

«En lo ideológico (…) Ya estábamos enfrascados en una lucha a fondo contra el revisionismo de Carrillo. (…) Ya lanzados como estábamos, íbamos a por Don Santiago sin concesiones. Razón de más para tratar con miramiento y diplomacia a los disidentes del PCE y a otros grupos políticos que –procediendo de otros orígenes –por entonces revestían el ropaje comunista–con la radicalización subsiguiente a mayo de 1968. Había que cortejarlos con donaire, delicadeza, paciencia y suavidad. Como mínimo, tratarlos con neutralidad benévola; lo menos que podíamos hacer con respecto a ellos era guardar silencio, abstenernos de críticas públicas; y de hacer críticas, en plan amistoso, con amabilidad y espíritu de concordia. Eso se traducía en una política de acercamiento y buenas relaciones para con los camaradas pro-soviéticos –E. García, Enrique Líster–, los amigos catalanes de la OCE (Bandera Roja) y los de Komunistak (MCE)». (Lorenzo Peña; Amarga juventud: Un ensayo de egohistoria, 2010) 

Por supuesto, para renegados como Lorenzo Peña no había, o apenas había, diferencias entre estos grupos y el PCE (m-l), o más bien lo que él quería hacer del PCE (m-l). Es la clásica concepción que se utiliza una cabeza de turco –Carrillo en este caso– para justificar el revisionismo de toda una organización –el Partido Comunista de España (PCE)– e incluso de toda una generación del movimiento obrero. Esto también lo haría el renegado Raúl Marco pasado unos años cuando echase la vista atrás sobre la historia del PCE (m-l) y sus posiciones como veremos después en otro capítulo. Afirmar estas conclusiones es como creer que el revisionismo no engendrase nuevas variantes, como si no tuviese cada día nuevos jefes y adoptase otras particularidades. Como si el revisionismo no alcanzase a los viejos militantes comunistas, como si no alcanzase a las propias organizaciones antes revolucionarias. 

Salirse del PCE no era ni es sinónimo de no ser un revisionista, hay mil cuestiones por las que los militantes abandonan el partido: cobardía, rencillas personales, apatía por la política, quemazón por el activismo intenso, evolución ideológica, rivalidades ideológicas entre variantes revisionistas, etc. y como vemos no todas tienen que ver con romper en lo ideológico con el revisionismo. Esto lo vemos actualmente en las continuas fracciones y escisiones del mundo revisionista.

«Tratar con miramiento» a los jefes y representantes del revisionismo sea del color que sea ni es revolucionario ni ayuda en nada a los propios militantes honestos que estén bajo su influencia.